No puede menos que considerarse oportuna la advertencia formulada por las autoridades sanitarias, destinada a que se refuercen las prácticas de prevención para evitar la proliferación del mosquito vector del dengue, además de chikungunya y zika, en una situación que podría verse agravada en los próximos meses de abril y mayo.
Tal como se informó, las autoridades sanitarias nacionales, que se reunieron para revisar el estado de situación de los brotes de dengue en las jurisdicciones y el escenario esperable para las próximas semanas, alertaron que está comenzando la etapa en que la epidemia hará su pico, en una situación que implica la necesidad de intensificar la batalla contra esa enfermedad en todos los frentes.
Cabe señalar que las autoridades sanitarias de la Provincia también hicieron pública su preocupación y consideraron como crucial el involucramiento de cada individuo y de cada familia en la prevención del dengue, informándose que a la fecha los casos confirmados de la enfermedad en territorio bonaerense ascienden a 418. Los funcionarios bonaerenses de salud reiteraron que es imprescindible eliminar en los domicilios los objetos que puedan acumular agua, ya que así puede evitarse la reproducción de los mosquitos que transmiten dengue, chikungunya y zika.
Se estimó oficialmente que al menos hasta el próximo mes de mayo se transitará un escenario climático favorable para la supervivencia de los mosquitos y que, por consiguiente, resulta vital extremar cuidados para evitar un pico mayor en los próximos sesenta días, señalándose con preocupación la incidencia que podría tener el fin de semana largo de Semana Santa a partir del tránsito de miles de personas hacia lugares con circulación de los virus del dengue y la fiebre chikungunya.
Al margen de las tareas de fumigación de los lugares públicos
-como las que se realizan en nuestra ciudad en el paseo del Bosque y otros espacios verdes- corresponde que se intensifiquen las campañas sanitarias de concientización. De todos modos, corresponde mencionar como positiva la actitud de las autoridades sanitarias al reconocer oficialmente la existencia del problema y ofrecer recomendaciones a la población para enfrentarlo.
Está claro que la presentación hace algunos años de casos de dengue en la región -así como también los de hantavirus- hicieron recrudecer la alarma en una zona que, como la nuestra, se ha visto castigada en las últimas décadas por la aparición de estos flagelos. Y que tales episodios, obviamente, sirvieron de alerta y obligaron a las áreas oficiales de salud y a toda la sociedad a alzar la guardia y a no cejar en la tarea de desplegar en forma continuada una labor preventivo-educativa. Especialmente en los sectores periféricos de la ciudad, que es donde esos males suelen presentarse habitualmente.
Parece necesario, también, insistir que en casos como el del dengue, es imperioso obtener un mayor grado de concientización en los sectores más vulnerables. Entre ellos, de las personas que ya tuvieron la enfermedad -en riesgo potencial de contraer dengue hemorrágico- y de los habitantes de los asentamientos marginales, en los que las mismas casas, de chapa, y en las que se utilizan neumáticos para sostener los techos, pueden actuar como criaderos de mosquitos.
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